18 abril, 2014

Cesáreas Voluntarias

Como siempre el poco de información va a venir teñido con el color del lente que me da mi experiencia. Por eso voy a empezar contando mi historia de parto

Cuando supe que estaba esperando a mi hija, parecía tan increíble que, efectivamente, no me lo creí. Simplemente dejé que el tiempo pasara esperando que alguien me confirme que había una equivocación. Se imaginarán entonces mi sorpresa al verla por primera vez en una ecografía, al escuchar sus latidos y ver su corazón en plena acción.

Por diferentes motivos (historias pasadas, experiencias dolorosas que quizás algún día me atreva a compartir con ustedes) lo que yo más sentí durante mi embarazo fue miedo, miedo de perderla a ella y así perderlo todo. Por eso mi espera no fue tan dulce, estaba siempre presente la ansiedad, la angustia, el temor y la incapacidad de entregarme por completo a la experiencia suprema de sentir un ser humano creciendo dentro de mí. 

Este temor gigante que me habitaba me hizo querer que todo fuera lo más controlado posible. Yo, mientras, me puse un botón de pausa en la cabeza, me paralicé por completo y paralicé mi vida, esperando... simplemente esperando, intentando no hacer nada que pudiera poner en riesgo la llegada a destino de ese embarazo que tanto había anhelado. Me negué a ser feliz durante los 9 meses de esa metamorfosis, porque si era feliz y algo resultaba mal, imaginaba que nunca más podría ser tan feliz como en ese momento. Entonces simplemente no era feliz, no era nada. 



Una de las formas de evitar que algo se saliera de control fue optar por una cesárea... así, porque sí. Se lo dije al doctor cuando mi beba tenía 4 meses de gestación. Me dijo que era pronto para hablar del parto, que faltaba más de la mitad del camino, que no había ninguna causa que nos haga presumir la imposibilidad de un parto normal. Yo escuchaba solo "bla bla bla". Mi pánico me hacía pensar que una cesárea programada implicaba ir en un día determinado a la clínica, con todos mis estudios hechos a tiempo, sin improvisaciones, sin sorpresas. Si en cambio intentaba un parto normal y algo salía mal, iba a terminar en una cesárea de urgencia que me daba mucha menos tranquilidad. 

Pero era eso, miedo. No miedo al dolor, miedo a perderlo todo. 

Además pensaba que con los avances de la ciencia médica, no había motivos para exponer a las mujeres a semejante "carnicería", dejando la salud tanto de la madre como del bebé a la deriva. 

Por supuesto sentí dedos juzgadores señalándome, me cuestionaron sobre todo muchas mujeres y hombres mayores, considerando que iba contra la naturaleza. 

cesarea


Finalmente mi hija nació como yo había elegido y programado, apoyada por mi esposo que siempre me dejó ser dueña de la decisión. No hubo dolores de parto, tactos, dilataciones, contracciones ni dolor de ningún tipo (hasta que se fue la anestesia). Pero tampoco hubo contacto inmediato piel a piel con mi bebé, lactancia inmediata, contención ni apego en el momento del nacimiento y hasta mucho rato después. Ese día, cuando por fin la trajeron conmigo, yo solo podía verla como algo ajena a mí. Ella lloró desconsoladamente toda la noche y yo, totalmente desapegada, creía que ella se tenía que calmar sola en su cuna. No tuve leche hasta que me decidí a hacer un gran esfuerzo por establecer la lactancia. Ella tuvo el corazón acelerado por mucho tiempo y pasaron varios meses hasta que dejó de sobresaltarse por cualquier ruido e incluso en medio de sus sueños. 

Se que juntas pudimos revertirlo. Entre otras cosas porque ella fue muy persistente en su "demanda de mamá" y nunca se dió por vencida en reclamar mi presencia, mis brazos y mi entrega al 100 por ciento. 

pero después de mi experiencia, ya sin tanto miedo y entregada a una vida mucho más llena de amor, abrí un poco mi mente al parto normal, ví muchos videos e historias en programas de televisión (se pueden ver en Fox Life y en Casa Club TV). Y me dí cuenta que la historia de amor con tu hijo empieza mucho antes si abres tu mente, tu corazón y tu cuerpo a lo que la naturaleza manda. Puede sonar absurdo, pero me dolió no haber sentido dolor para traerla al mundo, me dolieron las horas que pasamos alejadas cuando la sacaron de mi interior, me dolió esa primera noche que pasamos separadas, yo en mi cama y ella en su cuna, que la dejé sola apenas unas horas después de su nacimiento, por estar yo tan lejos de mi instinto y mi ser natural. 

No les puedo decir que me arrepiento, porque soy sincera al decir que en el momento de elegir tenía mis propias razones y eran muy profundas, pero sí sé que al tomar esa decisión no contaba con toda la información que hubiese sido necesaria. 

Pero en fin, no se es madre hasta que se es madre. 

Solo sé que hoy elegiría diferente. 

No tengo ninguna autoridad para aconsejar sobre cuál es la mejor forma de traer tu hijo al mundo, pero sí puedo aconsejarte que te informes, preguntes, escuches a otras mamás, y sea lo que sea tu elección, vayas al quirófano o a la sala de parto esperando lo mejor, y sabiendo que tu vida está a punto de cambiar para siempre y llenarse hasta el tope de amor, pero para eso vas a necesitar entregarte por completo. 


Estás próxima a recibir a tu bebé? cuáles son tus expectativas? elegiste vos el tipo de parto? O ya tuviste a tu bebé? cuál fue tu experiencia al traerlo al mundo? Contáme! me gustaría conocer tu historia. Puedes dejar tu comentario abajo. 

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5 comentarios:

  1. Hola Monica el blog me parece increíble, tengo una duda, no entiendo mucho de estas cosas, como puedo hacer para seguirte por mail? hay alguna forma de que me lleguen notificaciones a mi correo electrónico? Desde ya muchas gracias, saludos. F: Julieta Sánchez Díaz.

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  2. Hola Juli. Siiiiii! hay una forma. Si subes un poquito en el blog, a tu derecha, hay justamente un recuadro en donde te pregunta "quieres recibir un correo cada vez que publique una entrada?", completá el espacio de abajo con tu dirección de mail y hace clic en "suscribirse". Las proximas entradas que publique te seran notificadas en tu mail. Espero que te haya sido util mi respuesta. Saludos y gracias por leerme

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  3. Pues un ole por ti! En ese momento, creías importante esa manera de temer a tu hija, yo pedí que me provocaran el parto, y provocado o no, habría acabado en cesárea igual. No podemos arrepentirnos de nada, cada momento en esta vida es diferente y no sabemos como nos enfrentaremos al siguiente parto, solo llegado el momento lo sabremos, ahora a disfrutar de cada momento de nuestras hijas. Un beso guapa!

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  4. como bien dices, informarse siempre cambia la perspectiva de las cosas y sobre todo minimiza los miedos. Aunque en cuestión de hijos eso es inevitable, pareciera que el miedo a que les pase algo o a perderlos viene en el paquete llamado bebé. Algo que obvio sabemos es natural. Pero bueno, en mi caso me declaro una fan de los estudios o como dicen en mi pueblo soy una ñoñis de primera o tengo cursitis; así que en mi embarazo no fue la excepción así que desde mi cuarto o quinto mees me inscribí junto con mi marido a mi curso de psicoprofilláctico y de ahí pal' real, es decir, el parto, la lactancia, ahora lo del porteo siempre he tenido esa fase de tomar un curso antes de decidir o recomendar algo. en mi blog comparto mas sobre ello y si definitivamente ya sea parto natural o en agua como fue mi caso, o cesárea lo importante es que te respeten y te traten como mujer que necesita apoyo para el nacimiento de tu hijo y no que te traten como una enferma sin posibilidad de tomar decisiones sobre ti y tu hijo. http://maternidadnatural.wordpress.com/2014/01/25/psicoprofiqueeeeeeee/ ¡Saludos!

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  5. Que fuerte! Hermoso proceso el que has realizado. No tengo más palabras que felicitarte por tu capacidad de rever tu historia, tus decisiones y la valentía de compartirlo para solidarizarte con otra mamás. Nada es para arrepentirse si has aprendido tanto de eso, muy bello tu relato.

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