17 octubre, 2014

El día que busqué un amante

Querido Quien Seas: 


No es que necesite justificarme, pero si quiero ser fiel a la verdad debo decir que la relación no era la misma de antes, la misma del principio. Ya no sentíamos mariposas en el estómago, no esperábamos vernos con ansias, nuestras conversaciones eran sobre obligaciones y rara vez nos mirábamos a los ojos. La intimidad era poca, pasábamos el día sumergidos en nuestras propias preocupaciones, el deseo era casi nulo, como también las ganas de vernos, no teníamos actividades en común. Cada vez que se dirigía hacia mí, era generalmente para preguntarme qué íbamos a comer, si su pantalón preferido estaba planchado o por qué era el segundo día consecutivo que comíamos milanesas. Cada vez que yo lo llamaba al celular o le escribía era para preguntarle por qué tardaba tanto en llegar, siendo que lo necesitaba en casa para arreglar algo o ayudarme con los chicos, o para pedirle que compre algo en el camino de vuelta. 

Me sentía mal, no me sentía valorada, ni amada, ni bella. Miraba con envidia a las mujeres solteras, pensaba que ellas tenían la posibilidad de alimentar su ego en distintas fuentes, que tenían tiempo y ganas de arreglarse, que cada vez que alguien las tocaba se sentían deseadas, que ellas también tocaban y besaban con deseo. 

Me pregunté a mí misma qué había sido lo que me convirtió en esta mujer estoica, aburrida, fría y sin pasión. ¿Había sido la maternidad? ¿El matrimonio? ¿La rutina? ¿La convivencia?

Sea lo que haya sido, el vacío era inmenso, la soledad, agotadora. 

Por dentro me quemaba el deseo de ser deseada, la necesidad de ser amada, la desesperación por sentirme mujer. En cambio, solo era esposa y madre, solo era exigida al extremo. No había, a cambio, ni una gota de agradecimiento, ni un gramo de placer. 

Pensé que en esas circunstancias, seguramente él ya se había conseguido una amante o estaba próximo a hacerlo. No había encontrado indicios de ello, pero tampoco los había buscado. Simplemente pensé que cualquier hombre lo haría si su relación de pareja fuera tan aburrida como la nuestra. Entonces pensé en ella... en la supuesta otra, la que ni siquiera sabía que existía, pero que era posible y previsible en mi historia. Pensé en ella como la que estaba dispuesta a estar con él, sin importar nada, ni siquiera que fuera casado. Podía ser una mujer soltera, pero también una casada, hastiada de su día a día y de atender a un marido desagradecido. Pensé en ella vestida y perfumada para él. Los imaginé juntos, olvidándose del mundo y disfrutándose. Y entonces me di permiso... 

Ese día mi imaginación le ganó a mi realidad y, casi sin pensar, busqué mi celular y le escribí un mensaje a él... el que sería mi amante. No me costó elegirlo, siempre había sentido atracción hacia él y me bastaba mirarlo para volver a sentir deseo. Sabía que él también se sentía atraído por mí, al menos lo había sentido en el pasado. Quizás mi falta de respuesta lo había desalentado, pero seguro podía encenderlo con las palabras justas. Escribí simplemente: 
- Siento deseos de verte. 
Me respondió casi al instante: 
- Esta noche estoy disponible ¿Quieres que te busque y salimos?
- No - le contesté - prefiero que nos encontremos. 
Me dio una dirección y una hora. Ese día lo viví lleno de emoción y expectativa. Los nervios que sentí no los sentía desde que había iniciado mi noviazgo... ¡hace tantos años!
Llamé por teléfono a mi mamá y le pregunté si podía dejar a los chicos dormir en su casa. Le tuve que mentir que tenía un evento del trabajo, no podía decirle la verdad. 

Me preparé con detalle, elegí un vestido que me hacía sentir sexy, un conjunto de ropa interior de encaje rojo que tenía reservado y jamás había usado, zapatos altos y mi mejor perfume. Después de dejar a los chicos me dirigí a la dirección que me había pasado por mensaje de texto. No me sorprendí al ver que era un hotel. 

Él me esperaba a metros de la recepción, impecablemente vestido y perfumado. Saber que se había preparado para mí, solo eso, ya me excitaba. Me dio un beso en la mejilla, casi rosando mis labios y me llevó tomada de la cintura hasta llegar a la habitación. Me sirvió una copa de vino y hablamos de lo mucho que lo había sorprendido mi mensaje y del tiempo que había deseado estar a solas conmigo. Mientras me hablaba tocaba mi rodilla con sus dedos y yo no podía evitar el deseo de sentir su piel y sus labios. 

Todo se fue dando naturalmente, sus besos cálidos, su cuerpo firme, sus manos tiernas por mi cuerpo. Me entregué sin culpa y sin miedo. 

Esa noche todo cambió para siempre. Esa noche comprendí que no estaba dispuesta a sacrificar mi felicidad en pos de la familia, que yo merecía ser feliz, como también lo merecía él. Que no estaba dispuesta a esperar el fracaso de mi matrimonio con los brazos cruzados, que no estaba dispuesta a esperar que él me dijera que la monotonía lo había llevado a buscarse a otra mujer. Me dí cuenta que yo también merecía vibrar, sentir, amar. Y comprendí que para hacerlo solo necesitaba decidirlo. Esa noche me convertí en amante de mi esposo. Y de repente tuvimos el derecho de hablarnos para preguntarnos si el pantalón estaba planchado, o si podía comprar algo de camino a casa, porque pase lo que pase durante el día... las noches eran nuestras. 

6 comentarios:

  1. Que buena narración ! Las rutinas y el cansancio hacen que el deseo de estar juntos se apaguen, pero que frescura le da a la relación, ojalá y yo algún día pueda planear un encuentro así, un abrazo.

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    1. Hola Katy! gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado. A veces solo falta dar el primer paso... si tu "ojalá" es verdadero, solo tienes que mandar un mensaje de texto ;) Besos!

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  2. Dios, lo he leido y sentia que era yo la que escribia...ojala mi esposo aceptara olvidarse por un momento de nuestro hijo y aceptara salir a solas conmigo...aunquesea al parque!!! Necesito tanto de eso... buen post!

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    1. Hola Mami Power! No dejes de intentarlo... quizás él ni siquiera conoce tu deseo. Besos y que tengas éxito en conseguir a tu amante.

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  3. he moni buenisimo lo que lei... creo que muchas nos identificamos al leer esto... un abrazo

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