10 noviembre, 2014

El Derecho a Ser Abuelas

Se casó hace unos cuarenta, cuarenta y cinco años, en sus tiernos veintes. Aun con su inocencia y su poco andar por el mundo sabía lo que le esperaba en el matrimonio y lo que se esperaba de ella. Sin chistar y sin preguntarse "¿Por qué yo?" se dedicó por completo a convertir su casa en un hogar: lavar, planchar, cocinar, limpiar, coser, tejer...

Como era querido y requerido, pronto vinieron los hijos, a quienes atendió con esmero en la época de los pañales de tela y los lavados a mano, la cocina elaborada y la mesa bien tendida, la ropa planchada y las familias numerosas. 

En su curriculum hay infinitas noches de trapos fríos para bajar la fiebre, idas y vueltas a la escuela, reuniones de padres, catecismos, cuadernos de deberes, comidas en horario, compras, zurcidos y mil tareas. 

Como ella "no trabajaba" (o mejor decir: como su trabajo no se pagaba), el hogar contaba con el único ingreso del marido, así que generalmente no sobraba para lujos y la que menos gozaba de privilegios era ella que, en definitiva, pasaba más tiempo dentro que fuera de la casa y no necesitaba tanto esos zapatos nuevos como los chicos, que tenían que ir a la escuela, o como el esposo, que tenía que salir a trabajar día tras día. 

Sus jornadas empezaban bien temprano, ocupándose de hacer más fácil y cómoda la vida de todos en el hogar: preparar desayunos, atuendos y viandas para que todos comenzaran su día y sus tareas sin demora. Cuando todos despertaban ya había olor a tostadas y café en la cocina. Su descanso era también el que más tardaba en llegar: por las noches todos se sentaban a la mesa a esperar su comida y se iban, luego de comer, a darse un baño, leer el diario o dormir, mientras ella terminaba de lavar los platos y preparar la ropa que todos usarían la mañana siguiente. 

Así lo hizo, como así lo había hecho también su madre. 

Pero ella crió y educó a sus hijos para que estudiaran, tuvieran un trabajo, fueran independientes. A sus hijas, sobre todo, les enseñó a valerse por sí mismas, a no depender de un hombre, a ser dueñas de elegir, de trabajar, para que no tuvieran que vivir la vida igual que ella. 

Pasó el tiempo, la vida, los años. Ya sus hijos crecieron y llegó su momento de descansar. Sin embargo algo pasó en ese cambio de siglo, algo que no esperaba o que no imaginó que pasaría cuando aconsejaba a sus hijas la independencia. Porque ni ella ni sus hijas se preguntaron al aconsejar y acoger el trabajo, quién se haría cargo de cuidar a los chicos. 



Y cuando esperaba ser la abuela sentada en la galería, con galletas y caramelos en el aparador, esperando la visita de los nietos, se encontró con un cargamento de nietos que son depositados día tras día en su casa para que se encargue de ellos, otra vez, de hacer desayunos, almuerzos y cenas, de lavar y planchar, de llevarlos y buscarlos de la escuela. Y esta mujer, que esperaba ser abuela, de esas abuelas de antes, las que contaban cuentos y horneaban bizcochuelos, se vio en la obligación de criar y se perdió el derecho de malcriar y ser abuela. 

No todas las mujeres fuimos protagonistas de la famosa liberación femenina, a algunas les tocó ser víctimas. Y me pregunto... si hoy las mamás trabajamos y las abuelas crían... ¿quién cumple la función de la abuela? porque no solo les estamos negando el derecho a las abuelas de ser abuelas, sino el derecho de nuestros hijos de disfrutar de esas hermosas abuelas que nosotras tuvimos. Pero qué se yo... solamente pienso y pregunto. 

4 comentarios:

  1. El tema de los abuelos es complicado. Como yo me quedé sin trabajo al nacer mi bichilla las abuelas matarían por estar en esa situación de ejercer ellas de madres y que fuese yo la que sólo viese a la niña los fines de semana y fiestas de guardar. Así es que las quejas (sobre todo por parte de mi suegra, que es la que menos la ve) son constantes y aunque no lanzan los comentarios directamente se le ve molesta con el tema.

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    1. Qué locura! tu experiencia es diametralmente opuesta a la que yo refiero jaja. Hay familias y familias, culturas y culturas. El problema es por ejemplo cuando explotamos a las abuelas en contra de su voluntad. En la vereda del frente también conocí abuelas que le quitaban autoridad a las madres y se hacían cargo de la crianza de los nietos. En España las familias suelen ser más pequeñas y los nietos son tesoros preciados... me equivoco?

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  2. El tema de los abuelos es complicadísimos. Hay abuelos que quieren más derecho de los que les tocan. Yo no les pido nada, ayudan si pueden y quieren, pero si que es cierto que hay muchos hijos que abusan de la bondad de sus padre como abuelos. Creo que tampoco es nuevo lo de que los abuelos críen a los nietos, a mí particularmente me criaron entre mi abuela y mi bisabuela. ¿O será cosa cultural? Es un gran tema, da para mucho, se junta con el tema de las bajas maternas, con el conflicto entre tener que trabajar o querer hacerlo y también querer familia. Muy bueno tu post. Saludos desde Budapest :)

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  3. A mi me dicen, por ambas partes, tráenoslo siempre que quieras (referido a los días que me es imposible intentar trabajar con el peque en casa) y yo les digo, podéis estar con él siempre que queráis no sólo cuando lo necesite. Me sabe fatal tener que pedir que cambien sus planes para ayudarme en esas situaciones y por ello intento que todas las semanas disfruten como abuelos que son y si pueden estar algún día para ayudarme lo agradezco mil!

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